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La Postal
Encontré una postal abandonada en el salón del hostel. Estaba vacía, no tenía ni un asomo de tinta en ella. En mi mano, igual, se sentía pesada, llena de todas las cosas que no se dicen.
Creo que me estaba esperando a mí para que la guardara, la abrazara, recibiera todo ese silencio enorme y lo protegiera en mis brazos.
Te conozco, silencio. Yo también te habito, te lleno de palabras que no llevan a nada.
¿Qué digo si no quiero dejar huella, pero al mismo tiempo quiero que me noten? ¿Qué digo cuando solo quiero gritar? ¿Qué digo cuando todos hablan y nadie escucha?
¿Qué hago con esta carta, esta postal que tiene un silencio que no me pertenece, pero que también es mío?
Grito
Pero ¿qué soy
si no me imagino
las manos llenas de sangre,
de tierra, de barro?
¿Qué soy sin este enojo
que me obliga a
mostrar los dientes,
lamer el filo del cuchillo?
¿Qué soy, sino este grito?




