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Fragmentos que cuentan historias: las vajillas arqueológicas y la construcción de la Rosario de los siglos XIX y XX
Cuando pensamos en la arqueología, solemos imaginar grandes descubrimientos, templos monumentales o escenas dignas de Hollywood. También imaginamos arqueólogos pasando sus días en excavaciones, rodeados de sofisticados equipos tecnológicos y realizando hallazgos extraordinarios. Pero la realidad suele ser bastante diferente. Gran parte de nuestro trabajo transcurre puertas adentro y, como me gusta decir, “la magia ocurre en el laboratorio”. Allí llegan los materiales recuperados durante las excavaciones, guardados en bolsas cuidadosamente rotuladas. Comienza entonces un proceso paciente de lavado, siglado o marcaje, clasificación, remontaje e identificación. Lo que para muchos puede parecer apenas un conjunto de fragmentos rotos, para un arqueólogo constituye el inicio de una investigación.
Y es a partir de estos pequeños fragmentos de la vida cotidiana -platos, tazas, vasos y otros objetos de uso doméstico- que la arqueología logra reconstruir historias mucho más amplias. Detrás de cada pieza se esconden datos sobre el consumo, las relaciones comerciales, los gustos estéticos, las migraciones, el poder adquisitivo y las formas de vida de las personas que habitaron una ciudad o región en otros tiempos.
Esa premisa dio origen al catálogo Vajillas impresas por transferencia en contextos arqueológicos. Rosario (Argentina), 1800–1900 / Transfer-Printed Tablewares from Archaeological Contexts. Rosario (Argentina), 1800–1900, resultado de varios años de investigación sobre las lozas arqueológicas recuperadas en distintos sitios de la ciudad de Rosario.
La publicación reúne y sistematiza centenares de fragmentos de vajilla decorada mediante la técnica de impresión por transferencia (transfer printing), una innovación tecnológica que transformó profundamente la producción cerámica europea durante el siglo XIX. A través de este trabajo fue posible identificar patrones decorativos, fabricantes, cronologías, técnicas de manufactura y circuitos de circulación de bienes que vincularon a Rosario con los principales centros industriales europeos.

Una revolución tecnológica en la mesa
La impresión por transferencia representó uno de los avances más importantes de la cerámica industrial británica y de otros países europeos. Antes de su incorporación, las decoraciones de las vajillas eran realizadas principalmente a mano o mediante técnicas como el esponjeado. Ambas modalidades requerían una importante inversión de tiempo y mano de obra especializada, lo que incrementaba considerablemente los costos de producción por lo cual, el acceso a estos bienes decorados, no era para todos.
La técnica de impresión por transferencia constituyó una verdadera revolución en la producción cerámica del siglo XIX. El proceso comenzaba con el grabado manual de un diseño sobre una placa de cobre mediante buriles y otras herramientas especializadas. Una vez finalizado el grabado, la superficie era cubierta con una tinta cerámica compuesta por óxidos metálicos y aceites. El excedente de tinta se retiraba cuidadosamente, quedando retenida únicamente en las líneas grabadas. Sobre la placa entintada se colocaba una hoja de papel de seda especialmente preparada, que era presionada mediante rodillos para transferir la tinta desde el cobre al papel. Este papel actuaba como un soporte intermedio que contenía el diseño en forma invertida. Posteriormente, el operario aplicaba cuidadosamente el papel sobre la superficie de la pieza cerámica ya bizcochada, adaptándolo manualmente a las curvas, bordes y relieves de platos, tazas, fuentes o cuencos. Mediante presión y frotamiento, la tinta se transfería desde el papel a la pieza, tras lo cual el papel era retirado mediante lavado. Finalmente, la decoración era fijada durante una nueva cocción y protegida por una capa de vidriado transparente. Aunque el procedimiento permitía reproducir diseños complejos de manera rápida y económica, la intervención manual seguía siendo fundamental, especialmente al adaptar el papel a superficies curvas. Es precisamente por ello la presencia de superposiciones, corrimientos, líneas de unión del papel o interrupciones del diseño que hoy pueden observarse en numerosos ejemplares arqueológicos recuperados en Rosario. Esos “errores”, en realidad, son la evidencia material del momento exacto en que un operario, hace casi dos siglos, intentó acomodar una lámina plana sobre una superficie curva. Es decir, son las huellas directas del trabajo humano dentro de un proceso que solemos considerar industrial.
Y, paradójicamente, muchos de estos detalles o fallas técnicas son hoy una valiosa fuente de información para los arqueólogos, ya que en numerosos fragmentos recuperados en Rosario pueden observarse esas uniones, esos pequeños corrimientos de la impresión, desalineaciones de los diseños o imperfecciones en la aplicación de los motivos decorativos. Lo que para una fábrica representaba un defecto de producción, para la arqueología constituye una evidencia concreta de los procesos tecnológicos que dieron origen a esos objetos.
A modo de síntesis, las vajillas decoradas que anteriormente estaban reservadas para sectores de mayores recursos, comenzaron a estar disponibles para grupos sociales más amplios a partir de la aplicación de la técnica de impresión por transferencia. De esta manera, la industrialización de la producción cerámica democratizó el acceso a este tipo de objetos y contribuyó a la difusión global de determinados estilos y diseños.
Objetos que viajaron miles de kilómetros
Las vajillas arqueológicas también permiten reflexionar sobre las formas en que estos objetos llegaron a la región. Durante el período colonial, las restricciones comerciales impuestas por la Corona española limitaban el intercambio directo con otras potencias europeas, favoreciendo el desarrollo de circuitos alternativos de circulación de mercancías. Algunas de las piezas más tempranas pudieron haber ingresado a través de redes de comercio informal o de contrabando que caracterizaron al espacio rioplatense durante los siglos XVIII y comienzos del XIX.
Más adelante, con la apertura comercial y el crecimiento económico de la región, estos bienes comenzaron a arribar regularmente a través de los puertos del litoral. Tampoco puede descartarse que ciertos objetos hayan llegado como parte de los efectos personales de inmigrantes europeos, quienes trasladaban consigo elementos de uso cotidiano vinculados a sus tradiciones culturales.
Por eso, es importante considerar que cada fragmento recuperado durante una excavación arqueológica, no sólo habla de quien lo utilizó. También cuenta la historia de un viaje. Muchas de estas piezas fueron fabricadas en los centros industriales ingleses de Staffordshire, como para dar un ejemplo, atravesaron océanos y recorrieron miles de kilómetros hasta llegar a una ciudad que por entonces comenzaba a consolidarse como uno de los principales puertos del interior argentino.
Una Rosario conectada al mundo, pero lejos del lujo
Uno de los aspectos más interesantes que surgió del análisis de los conjuntos arqueológicos estudiados es que permiten construir una imagen diferente de la Rosario del siglo XIX.
Con frecuencia, las narrativas históricas destacan el crecimiento económico de la ciudad y su integración a los mercados internacionales. Sin embargo, la evidencia arqueológica aporta matices importantes. Las piezas analizadas muestran una presencia relativamente escasa de porcelana, una predominancia de lozas industriales de calidad media o baja y una notable cantidad de ejemplares que presentan defectos de manufactura, tales como fallas en la transferencia de los diseños, impresiones incompletas o pequeñas imperfecciones de producción.
Estas características sugieren que buena parte de la población accedía a productos funcionales y relativamente económicos, antes que a las versiones más refinadas que también circulaban en los mercados internacionales de la época.
En este sentido, las vajillas arqueológicas revelan una realidad particularmente interesante: Rosario estaba conectada al mundo, pero no necesariamente consumía lo mejor que el mundo producía. Los objetos recuperados permiten visibilizar una sociedad en crecimiento, integrada a las redes globales de comercio, aunque todavía marcada por limitaciones económicas y por formas de consumo más cercanas a los sectores medios y populares que a las grandes élites urbanas.
Lejos de ser un dato menor, esta información permite comprender mejor la vida cotidiana de quienes construyeron la ciudad. Las vajillas hablan de aspiraciones sociales, de posibilidades económicas, de elecciones de consumo y de la manera en que los habitantes participaron de los procesos de modernización que transformaron el siglo XIX.
Comunicar la arqueología más allá de la academia
Uno de los principales objetivos de este catálogo fue acercar los resultados de la investigación arqueológica a públicos diversos. Más allá de constituir una herramienta de consulta para investigadores, estudiantes, museos y especialistas en cultura material, la publicación busca formar parte de las estrategias de comunicación pública de la ciencia.
La producción de conocimiento adquiere una dimensión social más amplia cuando puede ser compartida, discutida y apropiada por la comunidad. En este sentido, la arqueología ofrece una oportunidad privilegiada para conectar a las personas con su pasado a través de objetos concretos que alguna vez formaron parte de la vida cotidiana.
Cada fragmento arqueológico conserva una historia. Aislado puede parecer insignificante; estudiado junto a cientos de otros fragmentos, se convierte en una ventana privilegiada para comprender cómo vivían, consumían, soñaban y se relacionaban con el mundo los habitantes de Rosario durante los siglos XIX y XX.
Ese es, quizás, uno de los mayores aportes de la arqueología: demostrar que incluso los objetos más cotidianos pueden ayudarnos a reconstruir las historias más profundas.
La publicación fue declarada de Interés Cultural por la Cámara de Diputados de la Provincia de Santa Fe (Expte. N.º 58.836 CD) y por la Cámara de Senadores de la Provincia de Santa Fe, en reconocimiento a su aporte al estudio, preservación y difusión del patrimonio cultural santafesino.

Mas sobre la autora
Brenda Bruno es arqueóloga e investigadora del Departamento de Arqueología de la Escuela Superior de Museología de Rosario. Licenciada en Antropología (orientación Arqueología) por la Universidad Nacional de Rosario y Magíster en Museología, desarrolla su trabajo en la intersección entre la investigación arqueológica, la gestión del patrimonio y la comunicación pública de la ciencia.
Desde hace más de una década participa en proyectos de investigación sobre arqueología regional, cultura material y patrimonio santafesino, con especial interés en las formas en que los objetos cotidianos permiten reconstruir historias sobre las personas y las sociedades del pasado. Ha sido docente, expositora y autora de diversas publicaciones académicas y de divulgación. Actualmente integra el Departamento de Arqueología de la Escuela Superior de Museología y forma parte de la Asociación de Museos de la Provincia de Santa Fe. Es autora del catálogo Vajillas impresas por transferencia en contextos arqueológicos. Rosario (Argentina), 1800–1900, declarado de Interés Cultural por ambas Cámaras Legislativas de la Provincia de Santa Fe.



