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¿Murió el cine? Streaming, pantallas chicas y la enésima muerte anunciada
“El cine ha muerto”.
La frase no es nueva. Tampoco es original. Y, sin embargo, vuelve cada vez que una nueva tecnología altera la forma en que miramos películas. Hoy el streaming ocupa el lugar de villano principal. Pero antes lo fueron la televisión, el VHS, el DVD y hasta el sonido.
Como recuerda el artículo La séptima muerte del cine, el cine ha sido declarado muerto en numerosas ocasiones, siempre frente a un cambio técnico o cultural que parecía incompatible con su forma tradicional de existir. La pregunta, entonces, no es si el cine murió, sino qué tipo de cine está muriendo y cuál está quedando en pie.
Desde una perspectiva histórica, el cine no desaparece: entra en crisis, se redefine y reaparece bajo nuevas condiciones. El artículo académico Muerte del cine, larga vida del audiovisual sostiene que no asistimos a una desaparición literal del cine, sino a una transformación profunda de su estatuto cultural, donde deja de ocupar el centro del sistema audiovisual.
Durante gran parte del siglo XX, el cine fue el medio. Hoy es uno más dentro de un ecosistema saturado de imágenes, pantallas y narrativas. El cine deja de ser el centro y pasa a ser una opción.
Una de las pérdidas más visibles es la experiencia compartida. Ir al cine implicaba tiempo, desplazamiento, atención sostenida y un espacio común. El streaming rompe ese esquema.
Desde Revista Mecha se señala que la experiencia cinematográfica ya no está necesariamente ligada a la sala oscura ni a la proyección colectiva, sino a un consumo doméstico, individual y muchas veces disperso. Esto cambia la relación con las películas: se pausan, se aceleran, se abandonan. El cine deja de exigir atención y empieza a competir por ella.
El streaming promete acceso ilimitado, pero produce un efecto contradictorio: la desaparición silenciosa de obras. Según Sensacine, las plataformas pueden retirar títulos de sus catálogos sin previo aviso, haciendo que muchas películas queden virtualmente inaccesibles. Antes, una película podía sobrevivir en un DVD, en una videoteca o en una colección privada. Hoy depende de decisiones empresariales y algorítmicas. Si no rinde, se va. El cine pierde así una de sus funciones históricas: ser archivo cultural. Esto empuja, muchas veces, a volver a la vieja piratería: no por capricho, sino porque no queda otra. No hablo desde la teoría: hablo desde la frustración concreta de buscar una película y no encontrarla en ningún lado. Hay películas que directamente no se encuentran en ninguna plataforma legal. Si bien el cine en salas siempre tuvo rotación constante y uno no puede elegir qué mirar más allá de lo que figura en cartelera, el DVD —con todas sus limitaciones— no desechaba tan rápido aquello que no rendía económicamente.
Netflix, Spotify y la lógica del contenido descartable
Xataka propone una comparación directa: Spotify no mató la música, mató el disco. Netflix no mató al cine, pero cambió radicalmente su forma de existir. Las películas ya no se conciben como objetos culturales duraderos, sino como contenidos de rotación rápida dentro de un catálogo. Importa menos que permanezcan y más que mantengan usuarios activos. El resultado es un cine abundante pero frágil, visible hoy, invisible mañana.
El debate no es solo cultural o teórico. Clarín, citando análisis del New York Times, habla de una “segunda muerte anunciada” del cine, marcada por el acortamiento de las ventanas de exhibición y el dominio de las plataformas de streaming. Hollywood ya no piensa el cine prioritariamente para la sala, sino para un ecosistema dominado por plataformas. La sala queda reservada para eventos, grandes estrenos o nichos cinéfilos. Muchas películas hoy están pensadas también para su circulación en redes sociales: planos centrados, información clave en el medio de la pantalla, escenas fácilmente recortables para reels o TikTok, sin que se pierda “lo importante”. No es casual ni inocente: el cine también se está adaptando a cómo se consume imagen hoy.

Entonces, ¿el cine está muerto?
No. Pero el cine como experiencia dominante, central y colectiva está claramente en retirada. Como sintetiza el texto académico citado, el audiovisual contemporáneo desborda al cine y lo reubica dentro de un sistema más amplio, híbrido y fragmentado. El cine sigue existiendo, pero ya no define por sí solo la cultura audiovisual.
Hoy, ver cine es una elección. Antes, era la norma. Y como toda elección, implica tiempo, dinero y decisión consciente.
Decir que el cine murió es cómodo y provocador, pero inexacto. Lo que murió es una idea: la del cine como centro indiscutido del mundo audiovisual.
El cine sigue vivo donde todavía importa la experiencia, la memoria, el tiempo compartido y la mirada crítica. Sobrevive, pero ya no manda. Y tal vez esa sea su última transformación: de industria dominante a espacio de resistencia cultural. Desde ese lugar es desde donde yo lo pienso.
Personalmente, voy a seguir yendo al cine. No porque reniegue del streaming —al contrario, me encanta mirar películas desde la cama, en pijama, con pausa incluida y sin horarios—, sino porque la experiencia no es la misma. El cine me obliga a detenerme, a mirar sin distracciones, a compartir silencio con desconocidos. Me saca de la lógica del consumo rápido y me devuelve algo que el streaming no puede reproducir: el tiempo dedicado exclusivamente a una película. En cuanto al silencio de la sala, bueno, actualmente es relativo, la gente ya no puede estar más de 40 minutos sin agarrar el celular, pero eso es conversación de otro momento.
Tal vez el cine ya no sea el centro de todo. Tal vez sea incómodo, caro o menos práctico. Pero mientras exista una sala oscura y una pantalla grande, yo voy a seguir eligiéndolo. Aunque después vuelva a casa y siga mirando películas desde la cama.
Porque una cosa no mata a la otra. Y porque, para mí, el cine todavía vale el esfuerzo.
Referencias
- Revista Tres Puntos, La séptima muerte del cine
- Dialnet, Muerte del cine, larga vida del audiovisual
- Revista Mecha, El cine ha muerto, larga vida al cine
- Sensacine, artículos sobre retirada de películas de plataformas
- Xataka, Spotify mató los discos… Netflix ha matado el cine
- Clarín / New York Times International Weekly, Cine vs streaming
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