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MUSEOS BAJO LA LUPA: Museo La Loma
Rosario, 15 de febrero 2026.-
Los Cocos es una localidad y municipio del departamento de Punilla, provincia de Córdoba, que se encuentra a 84 km. al norte de la ciudad capital y a 496 km. de Rosario. Es allí donde se esconde un museo que es una joyita profundamente ligada a la provincia de Santa Fe y especialmente a nuestra ciudad. Es el “Museo La Loma” o “Centro Cultural Victoria Crenna de Majorel” que depende del Área de Cultura de la Municipalidad de Los Cocos y el domicilio es Av. Cecilia Grierson s/n. El museo se propone acercar la cultura a todos los sectores de la comunidad, generando espacios para el acceso al conocimiento, intercambio y esparcimiento, asumiendo la responsabilidad fundamental de preservar y difundir el patrimonio histórico-cultural de la localidad. Desde la página de la municipalidad nos hace saber que las actividades principales son producir y promover productos culturales y recreativos destinados al público en general. Fomentar el aprendizaje artístico-cultural generando recursos y capacitaciones, organizar agenda de eventos que sume al atractivo natural local. De hecho, este centro cultural, posee una academia de danzas folclóricas llamada Huellas Ancestrales, un taller de pintura mural, taller de acuarela, tienen un coro, dan clases de apoyo escolar, karate, yoga, en una de sus salas se proyectan películas, se hacen conciertos, también se realizan conferencias y exposiciones plásticas de varios artistas, etc.

La Loma tiene techos de tejas, paredes blancas y generosos ventanales en cada una de las habitaciones a través de los cuales penetra la luz y el verde de los jardines que la rodean. Un bosque nativo caracteriza ese exterior, atravesado por senderos escalerados, con bancos y esculturas e intercalando con flores y una gran pileta, todo acompañando la irregularidad del terreno y la sinuosidad de las sierras.

Esta mansión fue construida por el matrimonio de Victoria Crenna, oriunda de Casilda (Santa Fe) y José Pedro Luis Majorel, nacido en Cruz Alta (Córdoba). Majorel era descendiente de franceses que se establecieron en la Colonia Iriondo (Arteaga) y Colonia Juárez Celman en Cruz Alta. Ambos se conocieron en Rosario, donde sus familias, ligadas al mundo de los negocios de cereales, más específicamente a la agroexportación, habían logrado acumular una importante fortuna. José Pedro y Victoria contraen matrimonio en 1901 y la ceremonia religiosa se realiza en la Parroquia Santa Rosa de Lima de calle Mendoza 1370 (Rosario). Los primeros años, la pareja habita una hermosa casa de Av. Pellegrini, pero alternan con otra del barrio de Recoleta en Buenos Aires y un departamento en plena Avenida Foch en París. Victoria era aficionada a la pintura y en los viajes que realizó a Europa, entre 1923 y 1929, aprovechó para tomar clases asistiendo a las academias de Madame Lauvernais y Madame Petit Jean en París, ciudad donde participó en exposiciones y salones. Cultivó el paisaje y la pintura de flores. Concurrió al Salón Nacional en 1932. En tanto, enamorados del clima y el paisaje de las sierras cordobesas, deciden levantar una casa de descanso en Los Cocos. La construcción comenzó en 1915 y finalizó en 1920. El encargado de proyectar la obra fue el arquitecto y constructor alemán George Goldammer, el mismo que con sus conocimientos realizó la ratificación de los planos y finalización de obra del Teatro La Ópera de Rosario, para dotarlo con una acústica de excelencia (hoy Teatro El Círculo). Goldammer ya tenía casa en Los Cocos, por ende, sabía qué tipo de obra era necesaria, debido a las características del suelo. De esta manera la gran mansión de 450 metros cuadrados, se comienza a edificar, y como primera instancia se realizan obras para proveer al lugar de agua, razón por la cual se construye el aljibe y luego la pileta, que se llenaba con agua de vertiente. Como su nombre lo indica, la señorial casona está ubicada sobre una loma y para acceder a ella, en pendiente hacia arriba, únicamente se puede hacer caminando o en vehículo, lamentablemente, personas con dificultades para movilizarse no logran independencia motriz para llegar a ella. El ingreso a la casa se realiza atravesando unos peldaños, pero en un lateral existe una rampa de material y así se pueden evitar las escaleras.


La Loma fue un lugar de encuentro y descanso de numerosas figuras del quehacer artístico y científico nacional e internacional. Ellos (el matrimonio Majorel-Crenna) se rodeaban de personas destacadas en diversas disciplinas, a algunos los alojaban en la mansión y otros en los hoteles de la zona que eran muy elegantes y confortables. Compartían largas tertulias donde se escuchaba música y poesía, se hablaba de las tendencias políticas y compartían el amor por el arte en general. Fueron 40 gloriosos años, en los cuales se contó con la presencia de artistas como el escritor Arturo Capdevilla, el filósofo Alfredo Francceschi, el escritor español Rafael Alberti Merello, el historiador y político Claudio Sánchez Albornoz. Especial mención para la poetisa Alfonsina Storni, gran amiga personal de la dueña de casa y Berta Singerman, quien fuera la primera y única recitadora profesional del continente.

También gozaban de la amistad y la compañía del matrimonio los pintores Ítalo Botti y Ángel Vena, la escultora Ernestina Azlor y el escultor, discípulo de Lola Mora, Gonzalo Leguizamón Pondal. En la casona de La Loma había un piano de cola que muchas veces fue tecleado por el santafesino Carlos Guastavino, el compositor y pianista argentino, al que apodaban “el Schubert de las pampas” y que llenó de música los salones de la cálida casona junto a la cantante María de Pini de Crestia, quien fuera primera voz del afamado Teatro Colón, además el gran director de orquesta Arturo Toscanini.

La ciencia igualmente gozaba de la hospitalidad de los Crenna-Majorel. Un visitante famoso fue Martín Gil, prolífico y escritor que tenía vastos conocimientos en astronomía y meteorología; Los médicos Doctor Gregorio Aráoz Alfaro, Doctor Pedro Ara (quien años más tarde fue el encargado de embalsamar el cuerpo de Eva Duarte), Doctor Aloysio de Castro y la tan querida Doctora Cecilia Grierson. La amistad de Victoria, Alfonsina Storni y la Doctora Cecilia Grierson era muy estrecha, tal es así que los fallecimientos de Cecilia, el 10 de abril de 1934 y de Alfonsina el 25 de octubre de 1938, fueron golpes muy duros que se manifestaron en el estado de ánimo de Victoria. Por ejemplo, tras la desaparición física de Cecilia, la artista comienza a pintar en su baño, ya que desde allí veía la casa de la médica llamada “El Espinillo”. Pasaron muchos días juntas disfrutando la galería de La Loma: Victoria pintando con su atril mientras Alfonsina leía y creaba sus bellos poemas, y escuchando a la Dra. Grierson sobre las nuevas formas de ser mujer y de cómo ayudar a los más pequeños. Tres amigas preocupadas por los derechos de la mujer. Los niños tenían las puertas siempre abiertas del lugar. Eran motivo de festejos, por ejemplo, las clásicas fiestas de disfraces de enero y febrero, todos los disfraces eran hechos por Vitoria y sus ayudantes. El cariño por la gente y Los Cocos era tan grande que siempre estaba lista para ayudar en cualquier circunstancia, en sus viajes a Europa, traía medicina para los habitantes del pueblo, por lo cual era recompensada con hierbas autóctonas, Victoria las amaba, en especial el aloe de vera, ella decía que la pintura y el aloe, eran su elixir de juventud.

Victoria era una amante de la vida, disfrutaba cada momento con alegría, Los Cocos significaba perderse en el tiempo y espacio, no hacía falta ver relojes o el calendario. Ya que en La Loma el tiempo no pasaba. Constantemente recibía visitas, de todas las clases sociales, no hacía falta ser adinerado para ser amigo de Victoria, ella solo veía los corazones y las intenciones de las personas que la rodeaban, por las tardes frescas, todos los presentes de la mansión, tomaban un rico chocolate que la misma Victoria les preparaba. Otra personalidad importante que gozaba de la amistad de los Crenna-Majorel fue el escultor y monumentalista José Fioravanti, el autor de los Lobos Marinos de Mar del Plata y varias esculturas del Monumento Nacional a la Bandera como “El Río Paraná”, “La Patria de la Fraternidad”, “Las damas mendocinas bordan la bandera”, entre tantas otras.
La hermana de Victoria, Argentina Italia Crenna, estaba casada con el rosarino Alfredo Guido; afamado escultor y pintor. Por lo tanto, en La Loma pasaron varias temporadas los hermanos Ángel y Alfredo Guido. Además de fuente de inspiración artística, las sierras fueron un emplazamiento estupendo para las residencias veraniegas destinadas al esparcimiento y al descanso de familias acomodadas, potenciado por los beneficios del clima sobre la salud, otorgando un marco adecuado para una activa vida social.

En el comedor principal de La Loma Alfredo Guido realizó en 1924 una serie de pinturas murales, un ámbito familiar y afectivo dado su matrimonio con la hermana de Victoria. Ciertamente los lazos de Guido con Majorel y las hermanas Crenna se fundaban también en una disposición compartida hacia el arte manifiesta tanto en las lecturas que realizaba Majorel como en el gusto por el dibujo y la pintura que ellas habían iniciado desde niñas, bajo el estímulo de su padre en Casilda.





La Loma fue en los años veinte una suerte de nudo cultural en las sierras cordobesas. Y fue allí donde Alfredo Guido ofreció una ponderación del mundo andino. El mural pintado por él en la sala de la casona es magnífico. Es “la joyita” mejor guardada de las sierras. La siguiente descripción corresponde al catálogo de la exposición “La Hora Americana”, realizada en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, que exploró el indigenismo, nacionalismo y americanismo en el arte y arquitectura argentino entre 1910 y 1950, curada por Roberto Amigo y Alberto Petrina. Analiza la identidad cultural y el imaginario andino. Explora el “americanismo” como corriente ideológica y estética en el arte argentino, influenciada por la idea de “Eurindia” de Ricardo Rojas. Se buscó resaltar la identidad americana y la tradición indígena frente a narrativas históricas que la excluían.
En un primer sector de pinturas, se aprecia una iglesia y un caserío rodeados por sus campos de cultivo y, en primer plano, una tierra seca salpicada de cactus y una cascada, con predominio de ocres y azules y contrastes de amarillos y verdes.

El panel central se compone de dos figuras sentadas, un cortejo a través del sonido de la quena que la mujer escucha rodeando con sus brazos una vasija, en una pose a la que Guido recurrió en varias oportunidades. Definió de modo dibujístico y con volutas a las nubes.

En la pared que continúa, Guido pone en escena un día de fiesta, de música y baile; reúne allí un grupo de figuras con sus instrumentos, piezas cerámicas, frutos textiles; más alejada una fila de danzantes, hombres y mujeres, se recortan sobre las montañas.

La ochava sobre la chimenea es un sector destacado en el que pintó en oro y enmarcado por un círculo, el símbolo del “Alma del Altiplano”: una mujer con el torso desnudo que se eleva sosteniendo una manta resuelta con violetas y amarillos, vinculada con la serie de Venus americanas que desarrolló en la gráfica; y, como en otros sectores, jerarquizó las piezas de cerámica, las mazorcas de maíz y las frutas. Esta asociación de la figura femenina con cerámicas, textiles y frutas como atributos étnicos y de género, aparece en la portada del catálogo de su primera exposición de cerámicas en Witcomb, en la tapa de la Revista de “El Círculo” y de modo cabal en Chola desnuda. Ésta última se puede apreciar en el Museo Municipal de Bellas Artes “Juan B. Castagnino de Rosario.

El otro friso lateral corresponde a una amplia escena de mercado con mujeres indígenas que ofrecen productos de la tierra, tejidos y cerámicas, entre ellas Guido ubicó dos figuras femeninas, con peinetones, mantillas y abanicos, a la usanza del siglo XIX que brindan un horizonte cronológico y la insoslayable presencia de lo hispano criollo.

Finalmente, hacia la derecha del ingreso, Guido representó la figura de un indígena con poncho rojo que avanza sobre la áspera topografía de los Andes, en un encuadre que utilizó en dibujos y aguafuertes con motivos del altiplano.
Este mural es magnífico, con muchísimos detalles y simbolismos. Recordemos que, en Rosario, Alfredo Guido tiene dos murales más pintados, uno en la residencia de Teodoro Fracassi, un edificio proyectado por Ángel Guido y representativo del movimiento neocolonial y otro en la Escuela Normal Nº 2 Juan María Gutiérrez que data de 1929.
El 14 de marzo de 1961 a la edad de 79 años, Victoria se descompensa cerca de las 18 horas mientras pintaba en el baño, y fallece de un segundo paro cardiorrespiratorio a las 23 horas. Estaba en su amada mansión La Loma, como ella quería. Su última obra queda inconclusa. José Pedro ordena prepararla y llevarla a Rosario e inhuma sus restos finalmente en Casilda, el pueblo natal de Victoria, donde descansa en el mausoleo de la familia Crenna. El 18 de mayo de 1971 fallece José Pedro Majorel de 93 años en Buenos Aires. Sus restos yacen junto a Victoria, en el cementerio de Casilda. Cuando doña Victoria fallece, su esposo legó la propiedad al Estado Nacional a efectos de que el recinto conservara y exhibiera las obras de arte que atesoraba y para el fomento y expresión de actividades artísticas.
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