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Taxi Driver (análisis narrativo)
Notas de un análisis cinematográfico
Este artículo fue publicado originalmente en el blog “Aunque sea un Homo Sapiens” en Medium y se replica aquí con autorización de su autor.
Hoy: Taxi Driver
En el encuentro de hoy analizamos Taxi Driver de Martin Scorsese (1976). Diferentes elementos narrativos fueron relevados en un análisis que abarcó desde el opening al prefacio. Aquí algunos de ellos.
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New York y Travis
En esos primeros minutos en los que habitualmente una película nos cuenta qué vendrá a continuación, ya sea por medio de la imagen en movimiento, ya sea por medio de esta en comunión con la banda sonora, Taxi Driver presenta: los títulos entre el humo de las alcantarillas bajo las luces rojas, verdes y amarillas de una ciudad que no duerme, y una sucesión de planos montados mediante cortes que van de los ojos de Travis, el protagonista taxista, a una New York distorsionada, bajo la lluvia, siempre con la música de Bernard Hermann de fondo intercalando dos lei motiv que serán los principales del film, uno que nos prepara para el suspense y otro más propio para una escena de amor o erotismo, ambos ejecutados con un saxofón, instrumento por excelencia de la ciudad y de la noche. La película está presentada: Travis y New York en una dialéctica secreta, silenciosa (excepto por la voz en off de Travis cuando escribe en su diario), a la que solo tendrán acceso los espectadores, la ciudad mediante los ojos de Travis, la ciudad distorsionada hablándole a Travis y Travis diciéndonos qué le dice esta ciudad. El desenlace será producto de un conflicto creado por esta dialéctica.
Una ciudad hostil
En Taxi Driver la ciudad de New York aturde, es hostil, no se toma un segundo de descanso, y esto empezamos a percibirlo en las dos primeras escenas: a) Travis busca trabajo como taxista y en el espejo detrás del empleador vemos a dos personas discutiendo; b) Travis llega a su departamento, y de fondo escuchamos a los vecinos gritando o hablando fuerte en modo conventillo. E inmediatamente la narración en off, que nos lleva de viaje por el recuerdo del cine noir, empieza a declarar o, mejor dicho, reclamar que una lluvia se lleve toda la basura de la ciudad. ¿Pero, qué es la basura? ¿Qué es la lluvia? Esa lluvia que bañaba las calles de New York en el opening y ahora cae sobre el metal amarillo del taxi, esa lluvia que no es lo suficientemente fuerte, según dice Travis, debe limpiar las calles de los vicios, de las prostitutas, los proxenetas, los ladrones, el exceso en todas sus formas.
El agua como elemento narrativo
Paréntesis especial para el agua como elemento narrativo: en Gilgamesh, una epopeya transcrita de la tradición oral de la antigua Mesopotamia (hoy Irak), obra anterior a la Ilíada de Homero, aparece una historia, una enorme inundación (acaso la inundación del Tigris y Éufrates) que viene a limpiar el mundo conocido, con un hombre protagonista, que tiene destino mesiánico, el deber divino de sobrevivir al diluvio y repoblar la tierra en el nombre de Dios. Independientemente del Dios en cuestión, el judaísmo reescribió o se apropió de esta historia mundialmente conocida como el Arca de Noé, historia que pervive en el cristianismo y el islam. El agua es también ese elemento divino que toca la cabeza rapada de los monjes del Asia todas las mañanas desde tiempos inmemoriales en un acto de purificación. No importa la religión en cuestión, ni sus dotes científicos o no de curación, el agua siempre ha sido un elemento de purificación fundamental para la narrativa mundial, occidental y oriental, y con frecuencia asume este rol en la narrativa cinematográfica.
Montaje alternado paralelo. Día/Noche
Mientras esperamos la lluvia, conocemos el día. La antítesis de opuestos en un respeto religioso de un americano como Scorsese del montaje alternado nos lleva a un juego de opuestos que se va a sostener durante toda la película entre dos mundos aparentemente divorciados: día / noche. En el día: Betsy, el ángel intocable e impoluto en la cosmovisión puritana de Travis. En la noche: Iris, la niña prostituida, los proxenetas y vendedores de droga, el adulterio, el dinero sucio, los vicios. Y Travis dirimiendo a qué mundo pertenece, aunque nosotros como espectadores lo intuimos desde el minuto uno, Travis aún intenta descubrir si pertenece al mundo del día o al de la noche.
En el mundo del día está Palantine, el candidato a senador con nombre de la colina romana donde vivían las elites del imperio, el Palatino. Desde allí arriba el candidato a senador y su mundo (incluyendo a Betsy) miran hacia el pueblo con la hipocresía del político, con el “soy como el pueblo, pero en mi fuero interno aborrezco su mundo, su clase, su mundanidad”. El día, mundo de Betsy y Palantine, está pintado con los colores de Estados Unidos, el blanco, el rojo y el azul. La noche, el mundo de Iris y los vicios, está pintado con los colores del semáforo, el rojo, el verde y el amarillo, y, por supuesto, la oscuridad, el negro.
Travis, que es un excombatiente que no sabe bien dónde encaja en este mundo, trata de conquistar a Betsy, a ese ángel, trata de pertenecer en el mundo del día, pero fracasa, basta una segunda salida, al cine, para que ella lo descarte. Es cierto, él la lleva a un cine porno, a un cine del mundo de la noche, a un cine que no pertenece al mundo de ella, pero él no está capacitado para diferenciar estos dos mundos, es el único que parece no darse cuenta de que hay dos mundos definidos en conflicto. Hasta Palantine de noche deja de ser el candidato a senador para ser un hombre más entregado al vicio, que busca saciar su lujuria con una prostituta. Pero Travis no, Travis no sabe quién es, o qué lugar ocupa en el mundo, él sabe que debe hacer algo para definirse, para consumarse como persona, aunque no sabe bien qué.
La soledad
Y aunque veamos el mundo con los ojos de Travis, hay algo, no obstante, que nosotros sabemos y él no, algo que queda de absoluto manifiesto en el último llamado de Travis a Betsy, un monólogo en un edificio vacío. El plano con los ascensores vacíos y la voz de Travis hablándole por última vez a Betsy en un monólogo patético es la sentencia de soledad del personaje. La soledad es el tema de la película, y es, acaso, lo único que nosotros sabemos acerca de Travis y él desconoce: Travis está solo, Travis se siente solo, Travis está desesperadamente solo.
Este hombre en soledad consume lo que viene de afuera, lo que cada personaje va dejando en él como una verdad, el sonido “push” de la boca de un taxista, la idea de que la Magnum es un arma poderosa de la boca de un pasajero, el chiste que intenta Travis con Betsy, “organizized”, del cartel que tiene en su habitación, etcétera. Parece que nada pudiera surgir de la cabeza de Travis más que una reproducción de lo que otras voces dicen.
La búsqueda de un hombre desesperado por ser alguien
Entonces, Travis comienza su transformación hacia algo que él no sabe bien qué es. Compra armas, se prepara físicamente, se convierte, según él cree, en el opuesto a los seres de la noche que lo turban tanto. Se involucra más con los dos mundos, con el de Palantine y con el de Iris, y en el medio tiene su bautismo de fuego, asesina a un ladrón en un mercado. “¡No sé qué voy a hacer, no tengo licencia para portar armas!”, dice desesperado Travis luego de hacer aquello para lo cual se preparó tanto, matar. El dueño del mercado, que (detalle) lleva puesta una camiseta de Estados Unidos, lo avala, le dice con otras palabras “andá tranquilo, no te preocupes”. Listo, Travis puede matar, está avalado por la sociedad. Ahora queda el paso final, la transición se completó, es hora de producir el acto mesiánico para el que fue destinado, pero… ¿Cuál es ese acto?
La consumación del personaje o el diluvio
Es de día, y Travis se presenta en un acto del senador Palantine. Todo indica que Travis va a intentar matar al senador, tenemos todos los indicios dramáticos para ello, parece haberse preparado meses para ello, pero está destinado al fracaso, y de hecho fracasa, huye. ¿Por qué? ¿Por qué Travis no puede ser victorioso en esta empresa? ¿Por qué está condenado al fracaso? Él no lo sabe, pero nosotros sí. Travis no puede ser exitoso en el mundo “día”, Travis no es parte de ese mundo, Travis solo puede ser Travis en la noche, y su acto fundacional, su acto mesiánico necesariamente debe suceder en su mundo, en el mundo de la noche.
Por suerte para Travis hay una víctima clara. En el minuto 51 de metraje Travis casi atropella a su destino, Iris. Salvarla a Iris es una posibilidad como destino mesiánico ante los ojos de Travis. Es así, Travis quiere rescatar a alguien, sea Betsy, sea Iris, de su mundo, aunque esta persona no quiera ser rescatada. Ahora los espectadores solo necesitan una escena que avale la matanza que el “héroe”, el mesías, llevará a cabo (esto es tan Hollywood), y esa escena es el perturbador baile entre el proxeneta e Iris. Cuando asistimos a ese evento íntimo, sentimos repulsión, juzgamos con nuestros peores pensamientos al proxeneta, deseamos lo peor para ese hombre, incluso si esto es su muerte. Travis con el aval del espectador, procede. Fracasada su misión diurna en la plaza vuelve a su casa y cuando sale en su taxi, ya es de noche.
La escena de violencia final es la consumación del personaje, Travis es la lluvia que él mismo deseaba al comienzo del metraje, es la purificación en forma de tormenta que se lleva todo por delante, y en este traje le dispara al proxeneta, le dispara en la mano a quien alquila las habitaciones (detalle: la misma mano que este hombre extiende escenas antes para recibir el dinero sucio), le dispara al cliente de Iris y los mata a los tres en una escena altamente violenta visual y auditivamente, en gran parte por la ausencia de música; por primera vez en el film, la música que nos acompañó se toma un respiro, pues, no es tiempo ni de generar suspense ni de escenas de amor, solo violencia representada de la manera más cruda posible, entre gritos y sangre que salpica para todos lados. Alguien comentó en la clase: “yo creí que luego de matar a todos le iba a decir algo a Iris, algo como ya estás libre, o algo así”. No, imposible, porque Travis no hace esto para salvar a Iris, el cree que lo hace por ello solo hasta que relamente lo hace, pues, una vez el acto consumado Travis descubre que lo hizo por él, Travis se siente definido, “yo soy esto, lo opuesto a los proxenetas, yo soy el bien, yo soy el bien…” como si se lo repitiera en silencio, con esa sonrisa final mientras dice “push”. A su vez, Travis se define identitariamente en algo que nosotros ya teníamos muy en claro: a qué mundo pertenece, de qué lado del montaje alternado paralelo cae, del lado del día o del lado de la noche. Travis se corona amo de la noche, y nosotros ya no lo veremos bajo la luz del día.
Prefacio
En el prefacio vemos a un Travis que parece haber alcanzado la paz que tanto ansiaba (al menos hasta el último plano que lo vemos ver dialogar nuevamente con la ciudad). Su destino ha sido cumplido, de alguna manera retorcida se ha convertido en “héroe”. Pero su victoria mayor está en el asiento trasero de su taxi, la mujer que tanto ansiaba, el ángel, Betsy. Así es, Betsy visita el mundo de la noche, el mundo que se impuso, el mundo donde Travis es el rey, Betsy cruza el umbral en un acto de aprobación, de reconocimiento hacia este hombre que ahora que el mundo lo aprueba (el periódico, por ejemplo) ella puede aprobar. No obstante, Betsy ya no es deseable, ya no es apetecible para Travis, acaso porque ya no es inalcanzable, acaso porque se rebajó a este mundo.
Últimas palabras
Hay, pues, cuatro Travis: a) el que no encaja en el mundo y comienza a trabajar de taxista; b) el que empieza a construir su destino mesiánico y se bautiza en el almacén, ante los ojos de Dios (con ese plano cenital); c) el que se convierte en lluvia que barre la basura, la máquina de matar, en la escena que lo define identitariamente ante él y los ojos de Dios (la cámara cenital); d) el del prefacio, ya en paz. Hay dos Betsy: a) el ángel diurno, inalcanzable; b) la mujer que se rebaja al inframundo de la noche, pero ya no es apetecible.
Apartado especial para la belleza estética de un film que podría no tener trama ni tema y ser un taxista recorriendo una ciudad de noche con la música de un saxofón de fondo en un loop infinito.
El conflicto, dijimos, nace de la dialéctica New York/Travis, conversación con la que comienza y con la que termina la película. El símbolo purificador, el agua, es encarnado por el personaje principal en un acto de suma violencia cuyo objetivo no es rescatar a una niña de las manos de los proxenetas sino terminar de construir su identidad. Creo, pienso ahora, que Travis termina el film creyendo que es (o fue) un mesías al realizar un acto que en realidad lo convierte en un demonio, al menos a los ojos del espectador; no así a los ojos de la sociedad norteamericana que lo vindica como héroe, un héroe a la altura moral y ética de una sociedad aborrecible, una sociedad inmunda, tanto en el mundo del día como en el mundo de la noche, una sociedad en absoluta decadencia, la sociedad que quiere ilustrar, y lo hace con excelencia, Scorsese.
Estas son algunas notas de lo que dejó nuestro análisis de Taxi Driver.
Taller de análisis de narrativa cinematográfica, de Franco Carbone Costa. Todos los sábados 10:30 Hs.

Fuente: Blog Aunque sea un Homo Sapiens – Medium
Autor/a: Franco Agustín Carbone Costa
Enlace original: https://medium.com/aunque-sea-un-homo-sapiens



